BIENVENIDA




¡Saludos, familias especiales!
Este blog es para nosotros, las personas que amamos a alguien con capacidades diferentes. Nuestro objetivo es apoyarnos, transmitir experiencias e información, no sólo entre nosotros, sino a toda la población, darnos a conocer con el fin de que nuestros niños vayan siendo cada vez más incluidos en nuestra sociedad en sentido social, económico, legal, cultural, etc.
Esperamos sea de su utilidad, y agrado.

agosto 26, 2011

NUESTRA VIDA: La terapista del CRI

    En mi ciudad, que es Reynosa, estado de Tamaulipas en México, existe un Centro de Rehabilitación Integral, donde acuden todas las personas que requieran este servicio.  Pueden ser de cualquier edad, y su lesin permanente o temporal.  También ahí se proporcionan terapias de lenguaje.
     Esa institución es subsidiada por el DIF o Sistema para el Desarrollo Integral de la Familia.  El DIF es un organismo del Estado encargado de atender asuntos, como dice su nombre, familiares, desde salud física, psicológica, apoyo a adicciones, desempleados, tercera edad, etc.  Y otro aspecto que manejan, es el apoyo a personas con discapacidad.
     Pues bien, decidí inscribir a mi hijo en el mencionado Centro de Rehabilitación, ya que tanta gente lo mencionaba.  Hubo todo tipo de comentarios, ese lugar resulta ser un tanto controversial... Pero decidí formarme mi propia imagen sobre ellos, así que busqué un lugar.  Ese día, fue en junio, y dijeron que la forma de trabajar es primero evaluando a la persona (en mi caso, mi niño) y luego asignándole las terapias que requiera.  La encargada de evaluarlos es una doctora, Médico General, para lo que me dieron una cita el día 10 de agosto a las 9.30 a.m.
     Me presenté con mi hijo y con mi bebé esa mañana, preparada con papillas, pues a las 10 el bebé toma su cereal... Mas no con almuerzo para nosotros, porque se trataba de una cita, y no creí salir de ahí después de las 10:30.  Pero resultó que nos atendieron después de las 12 del mediodía, y llegamos a casa aproximadamente a la 1 p.m. 
     Fuimos recibidos por una secretaria cuyo trabajo obviamente no la hace feliz; ella nos cobró la consulta por adelantado, abrió el expediente y nos dijo que esperáramos.
     La famosísima Dra. Díaz "evaluó" a mi hijo.  Me hizo unas preguntas, lo observó como si fuera un raro especímen de laboratorio, lo subió a una camita y vio sus piernas, preguntó si el traumatólogo recomendaba operarlo a lo que respondí que no... Y me derivó con un terapista.  Eso fue su "evaluación" del niño.  Dijo que cada tres meses sería evaluado de nuevo, y que ahora tenía que hacer otra cita, para que lo evaluaran del lenguaje...
     Todo aquello no me agradó por supuesto, pero pensé que después de todo, sólo sería cada tres meses, y el resto del tiempo estaríamos con los terapistas.
     Llegó el día de la primer terapia.  La encargada era una señora llamada Sarita, de unos 50 años, aproximadamente.  Le colocó compresas calientes en las piernas al niño, y lo dejó 20 minutos así.  Luego volvió y comenzó a hacerle ejercicios de movilidad en las piernas.
     Mientras tanto, me hizo varias preguntas, y entre lo que yo comenté, fue "Le dejé de hacer terapia cuando estuve embarazada, porque fue de alto riesgo, y estábamos solos".  A lo que ella respondió:
     "¡Ay, señora, es que, para qué se embarazó!"
     Tal respuesta, me dejó en una especie de shock...
     "¿Perdón?" pregunté sonriendo.
     "¡Pues sí, si ya tiene a su hijo así, para qué tuvo otro!" replicó.
     Y después quizá, de un par de segundos en los que quedé perpleja, volví a preguntar, con la intención de que la señora recapacitara en lo que me estaba diciendo, o quizá yo había entendido mal...
     "¿Osea, que como mi hijo tiene Parálisis Cerebral, ya no puede tener hermanos, eso dice usted?"
     "¡Pues sí, señora, si usted ya tuvo a su hijo así, debió cuidarse!, eso es lo que les digo a todas las mamás, ustedes ya tuvieron a su hijo y es lo que les tocó, ahora se tienen que dedicar solamente a él; y luego ¿qué tal si lo de su niño es congénito, que el otro hubiera nacido igual?  Hay que ser conscientes, pensar las cosas... Ahora el otro niño no nos va a dejar trabajar... Discúlpeme, pero es que así es, pero bueno, son decisiones..."
     Lo primero que sentí, fue culpa.  Pensé que efectivamente, no debía embarazarme, porque desatendí a mi hijo mayor.  Luego ví a mi bebé, tranquilo en su carreola, y entonces cambió mi sentimiento.  Pensé responderle, luego me dije "no tienes por qué dar explicaciones de tu vida privada a una desconocida, y a nadie..."; sin embargo, luego recordé que había dicho "...eso les digo a TODAS las mamás...", por lo que decidí aclarar: 
     "Lo que pasa es que no quise que mi hijo se quedara solo cuando yo ya no esté, porque no soy eterna."  Esperaba que eso tuviera alguna repercusión en la señora, y cambiara un poco de parecer... pero respondió moviendo la cabeza "no, no, no, así no es..."
     Quise irme en ese momento, sólo que preferí terminar la terapia que ya estaba pagada.   Luego tomé a mis hijos y me fui.
     Ese tipo de cosas, son las que emocionalmente nos cuestan más trabajo a los papás especiales; nos vemos expuestos a la "sabiduría" de medio mundo, que no es otra cosa que ignorancia disfrazada; esa señora no tiene idea de lo que significó para nosotros la llegada del hermanito menor.  No sabe lo que ha significado para mi hijo con parálisis el tener un compañerito.  Tampoco se hará responsable de todos los niños especiales, que no tengan hermanos, a raíz de los comentarios hechos a sus mamás, en sus quién sabe cuántos años de trabajo...
     Eso fue lo que pensaba en el camino de regreso.  Llegamos a casa, y abracé a mi bebé al bajarlo de la camioneta.  Entramos y lloré un poco.  Sí, sigue siendo doloroso, sigue provocando impotencia cuando una se asoma a la mente estrecha de algunas personas... Y dí gracias a Dios porque prefiero estar en mi lugar, y saber lo que sé, a estar en el lugar de esa señora, e ignorarlo.
     No soy, obviamente, ni la primera ni la última que vive este tipo de cosas, y mi consejo es: Hay qué tomar las cosas con calma, y ponernos en el lugar de los demás, antes de hacer nada.  Primero pensé en lo que debe haber vivido Sarita la terapista para pensar así.  Sentí pena por ella, pobre.  De corazón espero que su vida mejore.
     Luego, pensé en mis hijos, que miraban la tele tranquilamente; mi bebé que sonreía me reconfortó.
     Después, pensé en mí, y ya no me interesaba lo que había pasado.
     Pero luego, me detuve: hace unos años, ese comentario me habría afectado muchísimo, pues se habría sumado a otros del mismo tipo: "¡¿para qué quieres otro niño, luego, qué vas a hacer con dos?!" me reclamaron una vez, por ejemplo.  Y de nuevo recordé a esas otras mamás, que Dios sabe qué habrán sentido.  Y luego de nuevo pensé en mi hijo especial, que después de mí, se quedará en este mundo, el cual ahora tiene tanta discriminación, soledad, ignorancia y sobre todo, falta de respeto y humanidad.  Pensé que, si me tocó ver esto, es porque debo hacer algo...
     Decidí que pondría una queja contra Sarita, porque ella no debe trabajar con personas como nosotros, o quizá incluso ya no deba trabajar en absoluto... 
     Amigos, si alguien lee esta publicación, debo ante todo, recalcar otra cosa que aprendí el día de ayer; o más bien, comprobé algo que ya sabía... Por cada persona que te lastima hay muchísimas que te apoyan.  Y eso lo ví reflejado en el cariño de mis amigos, familia y demás madres especiales, que se unieron en este sentimiento de tristeza, o en muchos casos, fue coraje lo que sintieron... Eso fue lo bonito que resultó, y lo bueno, es lo que debemos retener siempre.
     Así que, mamás y papás especiales, aquí está esta experiencia, para que juzguen y quizá aprendan, o retengan lo bueno, como he decidido hacerlo yo.
     Los mantendré informados sobre esta historia, a ver qué sucede con Sarita, y con el CRI.

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