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¡Saludos, familias especiales!
Este blog es para nosotros, las personas que amamos a alguien con capacidades diferentes. Nuestro objetivo es apoyarnos, transmitir experiencias e información, no sólo entre nosotros, sino a toda la población, darnos a conocer con el fin de que nuestros niños vayan siendo cada vez más incluidos en nuestra sociedad en sentido social, económico, legal, cultural, etc.
Esperamos sea de su utilidad, y agrado.

agosto 14, 2011

TESTIMONIOS... "Mi guerrerito", por: Luisa

Mi hijo especial fue el primogénito. Debo decir que, claro, fue un tremendo shock cuando nació, pues estuvo gravísimo. Gracias a Dios, él luchó y salió vivo de aquella fea experiencia; pero la cicatriz que le quedó fue su parálisis cerebral. Desde recién nacido recibió estimulación, pues la pediatra nos advirtió que podría tener secuelas neurológicas por su falta de oxígeno al nacer; pero fue hasta sus cinco meses de vida que le diagnosticaron PCI; otro golpe después de lo que sufrió; ahora ¿qué iba a ser de él? eso era lo que más me dolía.

Desde entonces, lo comenzamos a llevar ya no a estimulación temprana, sino a terapia física. Visitamos varios lugares, varios especialistas en rehabilitación a lo largo de sus primeros años, hasta que hallamos un lugar que nos convenció. Tuve que irme a otra ciudad, de hecho. Estuvimos dos años y medio viviendo aparte mi hijo y yo, mientras su papá se quedó para seguir trabajando. Fue difícil, enfrentar muchas cosas sola, en otra ciudad... Y para su papá fue difícil no verlo a diario, como para nuestro retoño fue duro no estar siempre con su papá. Un tiempo vivimos con la familia política, pero después nos cambiamos, nos lanzamos a nuestro propio camino... Me lancé sola con mi niño.

Hubo muchísimos problemas en nuestra familia al encarar la condición de nuestro hijo. Hubo culpas, reclamos, rechazo, principalmente hacia mí, pues soy la mamá, la que "no parió bien" al niño; también viví depresiones, igual que mi esposo, cada quien a su modo y por su lado, desgraciadamente... en fin, que como mujer y ser humano, tuve que desprenderme de mil miedos, complejos, inseguridades, y al cabo de un tiempo me vi convertida en una leona, que cazaba lo necesario y protegía a su cachorro de cualquiera que le hiciera daño. Esa no era yo antes, pues siempre fui tímida, callada, con bajísima autoestima.

Luego me acerqué a Dios, a Cristo. Le abrí mi corazón y lo puse todo en sus manos. Viéndome sola en otra ciudad y con el niño, me tuve que volver más independiente y fuerte, tomar valor desde dormir solos en las noches, hasta aprender a tomar decisiones por mí misma. Mi Padre se dejó ver como el sol en ese tiempo, a pesar de la situación, nunca faltó la mano amiga, la presencia casi angelical que nos apoyó en los peores momentos.   Por eso hoy mi fe en Dios es tan grande, pues sólo Él vio lo que mi hijo y yo experimentamos, pero en lugar de hundirnos, fuimos fortalecidos y rescatados.

Claro que este camino ha sido doloroso. Claro que ha sido difícil, renunciar a muchas cosas por hacerle sus terapias, o estar con él. Apartarme de todas aquellas personas que no fueran de ayuda sino de estorbo en el crecimiento del niño y de su familia, fuera quien fuera; atreverme a señalar lo que debía ser señalado por el bien de él, sin importar hasta dónde llegaran las cosas. Por supuesto que ha sido triste ver cómo muchas personas lo han hecho a un lado, le han impedido ser él mismo, pues lo tienen tan etiquetado, y hasta yo misma, lucho mucho para ir abriendo mi mente, para no ser YO quien decida qué puede y qué no puede hacer mi hijo...

También es difícil en ocasiones sacarlo a la calle, y ver cómo lo observan con cierto reproche, como si fuera algo malo que él vaya a pasear, al cine, a comer una hamburguesa o al parque... O simplemente en la escuela, o algunos "supuestos especialistas" que lo encasillan inmediatamente, si ni siquiera lo conocen, ni saben lo que hay en ese niño maravilloso... Ha sido doloroso ver la mirada de compasión de las personas, cuando les digo que el niño "hace algo nuevo", o "sí puede hacer o comer eso...", algunos hasta piensan que estoy en negación, que no quiero aceptar la supuesta "realidad" de él. Sí que la acepto, tanto, que no lo imagino ya de otra manera, si antes a veces pensaba "si mi niño no tuviera PCI, sería así o 'asá'...", pero hoy, me encanta su risa, su andar, así, tal y como es... Todo él es precioso, no lo cambiaría por nada; claro, aunque ¡sí quiero que haga más cosas, por supuesto!

Ha sido duro verlo convulsionar, o tenerlo horas en terapia mientras otros niños brincan y juegan con sus amiguitos... O que en algunas fiestas ni siquiera lo tomen en cuenta para pegarle a la piñata, o que en las escuelas no quieran recibirlo porque piensan que no entiende, ya que él no habla... O que algunas personas digan "ni para qué lo lleven a terapia, el niño no entiende nada de nada, pero bueno, ustedes saben...". Todo eso es indignante, claro que sí... Pero si no fuera por todo eso, no sería la persona que soy, y por lo tanto, quién sabe cómo sería mi hijo, mi familia... Si no fuera por todo lo que hemos vivido juntos, no podría presumir de que NO CUALQUIERA ha superado lo que nosotros hemos aguantado; que a pesar de tantas y tantas caídas nos hemos levantado. Sobre todo, sé lo feliz que es mi hijo, y me ha enseñado que en lugar de quejarse por lo que no se tiene, hay que disfrutar al máximo de lo que sí se tiene. Me ha dejado darme cuenta de hasta dónde puedo llegar, por él. De todo lo que puedo aguantar, y lo que NO ESTOY DISPUESTA a aguantar.

Sí creo que somos una familia especial, un papá, unos hermanos y yo una mamá especial. No por estar por encima de los demás, sino porque Dios nos encomendó una tarea, que no todos tienen. Porque estoy consciente de que muchísima gente no sabe, todo lo que un niño como el nuestro te hace cambiar, lograr y superar. No creo que él sea un ángel porque es de carne y hueso, pero sí es un superniño, un guerrero... ¡Me siento muy orgullosa de mi hijo!

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